A menudo me pregunto, quién es éste que dice ser yo, inquieto, curioso y buscapleitos. Si mira hacia atrás, ve un niño con mucha penuria, con una madre luchadora, que mantuvo a su cinco vástagos, sólo con su amor. Rescatado por la barca guanelliana, de donde saltó a un mar bravío, soñando defender al pueblo de la pobreza y la opresión. Con jóvenes de barrios, estudiantes y campesinos creó puentes de solidaridad, barricadas y organización. Pero la dictadura fue mucho más fuerte que su sueño juvenil. Pidió su cabeza y se asustó tanto, que recorrió 101 países, buscando refugio sin encontrar. Suecia le ofreció una base de donde seguir buscando. En sus recorridos visitó casas de estudios, universidades, de los cuales aprendió algunas cosas y recibió papales, que no sirvieron para mucho, en un mundo convulsionado. A los 40 años despertó de sus ansias de aprender y dejó los estudios institucionales, para aceptar la realidad de los jóvenes y de los más débiles en un país desarrollado, sin olvidar sus raíces. Fundó revistas y periódicos. Presentó exposiciones, escribió folletos, manuscritos y libros que dieron de que hablar y algunas satisfacciones. Ahora le tienen aquí, en sus manos, buscando todavía, no ya un refugio, pues el mundo esta incendiado, sino conocer a ese tipo que llaman Wences Rivas.